Por qué empecé a meditar

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La meditación es algo que, si no lo has hecho nunca, te parece una auténtica falta de tiempo. Sobre todo cuando llevas una vida frenética e intentas meditar porque todos dicen lo bueno que es, te parece que estás tirando un tiempo precioso a la basura.

Es cierto. La mayoría de la gente tenemos tantas cosas que hacer y en qué pensar, el mero hecho de estar ahí sentada sin hacer nada hace que, en vez de relajarte, te pongas nerviosísima. Y eso es justo lo que me pasaba las primeras semanas. Ahora me alegro de aún así haber seguido intentándolo.

La meditación es algo que empieza a mejorar tu vida cuando lo haces bien. El problema es que cuesta mucho hacerlo bien y el camino hacia hacerlo bien te pone de los nervios. Es muy fácil tirar la toalla.
Sin embargo, si logras no tirar la toalla, de repente llega un día en el que tu mente deja de pensar tanto. El tiempo durante la meditación pasa volando y, sin que te des cuenta, tu vida ha mejorado en todos los aspectos.

Algunas mejoras en mi vida cuando medito a diario como mínimo 20 minutos:

  • Dejo de tener estrés o ansiedad. Siento una calma profunda, incluso si pasan pequeñas tragedias. Es más, acepto mucho mejor las tragedias.
  • Baja mi presión sanguínea y mis niveles de colesterol
  • Duermo mejor
  • Mejora mi piel. Supongo que porque la meditación hace que mi cuerpo use el oxígeno de manera más eficiente. Además parece que incentiva la producción de la hormona DHEA, que es antienvejecimiento.
  • Suena a película, pero tengo paz interior. Eso me lleva a ser más ordenada. Hasta mis pensamientos están más ordenados. Además sobrellevo las cosas negativas del día a día con mucha más ligereza y buen humor.
  • Estoy de buen humor y veo lo bueno en la gente. Siento que mi vida está más llena.
  • Vivo en el presente. Eso me hace disfrutar de cosas que antes ignoraba. En consecuencia, vivo más feliz.
  • No le veo importancia a muchas cosas que en realidad no la tienen. Por ejemplo, desde que medito, ya no compro tantas cosas innecesarias que compraba antes.

Suena a poción mágica y lo cierto es que lo es. Pero como todo lo bueno, cuesta trabajo conseguirlo. Pero un trabajo que vale la pena.
Han valido la pena todos esos días en lo que me he obligado, por poco que me apeteciese, a sentarme durante 12 minutos e intentar no pensar en nada. Esos 12 minutos pasaron a 20 minutos de tortura.
Finalmente ha valido la pena.

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